Hundo
mis ojos en horizonte
Rojizo
por el crepúsculo
Que
me llama ardiente
Mientras
la verja no deja irme
Me
mantiene preso
En
mis deseos inútiles.
Brisa
que no puedo ver
Pero
quiero seguir
La acerca con intenciones
Desiguales
al apetito
De
mis designios
Para
esta vida que anda
Por
lugares que no quiero andar.
Una
mujer se arrima a la pared
Que
detiene lo que puedo,
Aunque
nunca lo que quiero,
Y
llega a mí, sincera
Abierta
a lo que puede pasar
Pero
con temor de que pasen
Cosas
de las cuales dolerse.
No
quiere irse,
No
quiero que se vaya,
Nos
quedamos entretejiendo
Nuestros
destinos para que no pase
Lo
que no queremos
Lo
que puede ser suerte
O
desgracia.
Acariñados
de nuestra forma de ser
De
escuchar, de hablar y de sentir
Dejamos
que el tiempo pase
Mientras
nos miramos nuestros rostros,
Descuidados,
negligentes a lo que pasa,
Ignorantes
de nuestros cambios
Y
ya nada es igual que antes.
La
alteración de mis deseos
Fue
más profunda que la mirada
Que
daba al horizonte
Antes
de conocerte,
Para
ese tiempo quería verte llegar
Aunque
no conocía nada de ti,
Luego
me quise ir.
Pero no era más que caprichos tontos,
Amañados por ignorancias adquiridas
Que creí conocimiento.
Lograron ser, no más que vanidades
Que
resultaron en lamentos,
Que
siguieron en ruina
Y
que terminaron con mi regreso a ti
No
era el mismo y había otro
No
era el mismo, tu tampoco.
Pero
volví porque encontré
En
lugares casi inéditos
Entre
mis entrañas
Llenas
de telarañas
Que
surgieron al cambiar los deseos
Que
creía perdidos
En
un tiempo no escrito.
Poco
a poco volvía en mí
Aunque
no veía cambios,
Tú
si tenías los ojos claros
Pero
no solo me mirabas a mí
También
lo mirabas a El
Y
él no quería que me veas
Y
tú nos querías mirar a ambos.
Decías
si no ambos, entonces ninguno...
Y ella dejo que la
brisa
Se la lleve así
como la trajo,
Y yo me quede
mirándola irse
Así como la vi venir.

