Los cielos sonríen
Sonríen los cielos,
con los brazos abiertos,
llenos de pureza y gloria.
La tierra arde en llantos desesperados,
mirando al cielo, esperando.
La vida —impredecible y bella—
nos permite momentos inolvidables
y otros… algo más desechables.
Ángeles caminan la escalera al cielo,
vestidos de blanco,
con sonrisas que bañan esta tierra maldita
con un poco de consuelo.
La gente,
de brazos caídos,
hincados en el dolor,
riegan el suelo infértil
con la sal líquida
que el alma expulsa
en torrentes intermitentes.
Los dolores desgarran
el tuétano de los huesos,
el cuerpo se estremece,
la cabeza duele.
Solo quedan pequeñas guirnaldas
en un árbol de raíces quemadas;
recuerdos esporádicos
que nunca pensamos extrañar.
La energía que movía el mundo
se ha tomado un minuto de descanso,
para rendir honor…
y luto.
Los recuerdos escapan la temporalidad,
perpetuándose
en el dolor que sorprendió a todos.
Las infinitas posibilidades
hoy juegan en nuestra contra
de manera cruel.
Y yo,
en mi impotencia,
no hago más que aferrarme
a la flaca esperanza
de su llegada al cielo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario